IGLESIA
BAUTISTA
EMMANUEL

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Missouri City, TX 77489

IGLESIA BAUTISTA EMMANUEL MISSOURI CITY TX. Created By Chris Bernard

I. Las Escrituras

Las Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento fueron dadas por inspiración del Espíritu Santo. Por lo tanto, todas las Escrituras son autoritativas, infalibles e innerantes. Las Escrituras son las únicas reglas de fe y práctica. Salmo 19:7; 2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:20-21; 3:16; Lucas 24:25-27; Deuteronomio 18:19; 1 Samuel 10:8; 13:13-14; 15:3, 19, 23.

 

II. Dios y la Trinidad

Hay un solo verdadero Dios viviente el cual existe en tres distintivas personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Estos tres son un solo ser, unidos en propósito, y equitativamente dignos de glorificación y adoración. Dios es invisible, eterno, omnipresente, omnipotente y omnisciente – su conocimiento es perfecto y se extiende a todas las cosas, del pasado, el presente y el futuro, incluyendo la decisión futura de sus criaturas las cuales son libres, inmutables, dependiendo de ningún otro, soberano, justo, santo, lleno de gracia, amoroso, misericordioso, paciente, y bueno. Deuteronomio 6:4; Salmo 145:3; Juan 1:3; 1 Corintios 8:4-6; 1 Timoteo 1:17; Mateo 3:16-17; 28:19; 2 Corintios 13:14.

 

 III. La Creación

Dios creó todo lo que existe de la nada en seis días, y todo era muy bueno. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo actuaron juntos en la obra de la creación. De todas las cosas creadas, el hombre y la mujer fueron los únicos creados a la imagen de Dios. Dios les otorgó dominio sobre todas las otras cosas vivientes, incluyendo el dominio sobre la tierra.  Juan 1:2-3; Hebreos 1:2; Job 26:13; Romanos 1:20; Colosenses 1:16; Génesis 1:26-31; 2:7; 3:6; Eclesiastés 7:29.

 

IV. Providencia

Dios, desde la eternidad, decreta o permite todo lo que ocurra, y perpetuamente mantiene, dirige y gobierna todas las criaturas o eventos; esto es hecho sin ser El el autor o aprobador de pecado ni destructor del libre albedrío y/o la responsabilidad de criaturas inteligentes. Isaias 46:9-11;Proverbios 16:33; Colosenses 1:17; Hebreos 1:3; Santiago 1:13-15; Efesios 1:11; Job 12:23; Salmo 22:28; Mateo 6:26; Daniel 4:34-35; Salmo 139:16; Job 14:5; Jeremías 10:23; Proverbios 16:9.

 

V. Elección

Antes de la fundación del mundo, Dios eligió a una gran multitud de hombres y mujeres a la vida eterna como un acto de su gracia gratuita únicamente. Esta elección no era dependiente de su poder de ver el futuro de la fe humana, decisión, trabajo, o mérito. En la esfera infinita de la soberanía de la voluntad de Dios, todo hombre todavía es un ser responsable, sujeto a los mandatos de Dios de arrepentirse y creer y rendirá cuentas a Dios por su rebelión, de su impenitencia (dureza del corazón) y el rechazo de Cristo. Mateo 11:25-28; Juan 6:44; Hechos 13:48; 18:9-10; Romanos 8:28-30; 9:11-13; 11:7; 1 Corintios 1:27-29; Efesios 1:4-6; 11:1; 1 Tesalonicenses 1:4-5; 2 Tesalonicenses 2:13; 2 Timoteo 2:10; 1 Pedro 1:1; Apocalipsis 13:7-8.

 

VI. La Caída del Hombre

Dios originalmente creó al Hombre conforme a Su imagen y libre de pecado; pero, mediante la tentación de Satanás, Adán quebrantó el mandamiento de Dios y cayó de su santidad original y justicia; por lo cual su posteridad heredó una naturaleza corrupta y completamente opuesta a Dios y Su ley.  Como resultado, ellos están bajo condenación, y tan pronto como son capaces de acción moral, vuelven a ser transgresores verdaderos. Génesis 1:26-27; 3:1-7; Romanos 5:12-19; Efesios 2:1-3; Eclesiastés 7:29; 2 Cor. 11:3; 1 Tim. 2:14; Salmo 51:5.

 

VII. La Incapacidad Humana

La Caída trajo a cada hombre a un estado de depravación completa, lo cual significa que cada dimensión de su ser es distorsionada por el pecado. Aparte de la gracia de Dios, el hombre caído trata al pecado como su amo, a Dios como enemigo, y al mensaje de la cruz como insensatez.  Hasta que nazca de nuevo, no posee ni el deseo ni la capacidad de amar a Dios, guardar Sus leyes, comprender el evangelio, arrepentirse del pecado, o confiar en Cristo. Génesis 6:5; Salmo 7:11; 10:4; 51:5; Romanos 3:10-18; 5:10, 12; 6:23; 8:5-8; 14:23; 1 Corintios 2:14; Efesios 2:1-3, 5; Colosenses 1:21-22

 

VIII. El Nacimiento y La Vida de Cristo

Dios mandó a Su Hijo al mundo para salvar a Su pueblo de sus pecados.  Concebido por el Espíritu Santo y nacido de la virgen María, Jesús era y es tanto Dios como hombre. Él fue tentado en todo pero sin pecado, viviendo la vida perfecta de justicia a favor de Su pueblo. Isaías 42:1; Hechos 3:22; Salmos 2:6; Lucas 1:33; Efesios 5:23; Hebreos 1:2; 2:14; 5:5; 7:26; 1 Timoteo 2:5; Juan 1:1; Lucas 1:27; Gálatas 4:4; Lucas 1:35; Colosenses 1:19

 

IX. La Muerte de Cristo

Cristo murió en la cruz como el sacrificio perfecto por el pecado, acabando de una vez para siempre la obra propiciatoria de expiación por Su pueblo. Filipenses 2:8; Hechos 2:23; Juan 15:3; 20:25; Marcos 16:19; Romanos 5:19; 8:34; 14:9; Hebreos 9:24; 12:2; Génesis 3:15

 

X. La Resurrección de Cristo

Al tercer día, Jesús resucitó corporalmente del sepulcro. La resurrección afirma la deidad y la autoridad de Cristo y les asegura a los creyentes su futura resurrección corporal. Mateo 28:1-20; Marcos 16:1-8; Lucas 24:1-53; Juan 20:1-21:25; Hechos 1:8-11; 1 Corintios 15:4-9; Hebreos 4:14-16; Juan 21:12-13; Hechos 2:24; 10:41; Romanos 6:4;

1 Corintios 6:14.

 

XI. La Ascensión de Cristo

Jesús ascendió al cielo para aparecer en la presencia de Dios como nuestro Sumo Sacerdote eterno, presentándose como el único sacrificio aceptable por el pecado. Es el único y solo Mediador entre Dios y los hombres, y Él es Cabeza de Su iglesia. Él intercede siempre a favor de Su pueblo y reina sobre todas las cosas por su bien. Regresará a la tierra para reinar como Rey de reyes y Señor de señores. Mateo 28:1-7; Hechos 1:8-11; 1 Corintios 15:4-9; Hebreos 4:14-16; Hechos 7:55-56; Salmo 110:1;1 Tesalonicenses 4:17; 1 Timoteo 6:14-15; Tito 2:13; 2 Juan 7-9.

 

XII. El Espíritu Santo

Creemos que Dios, el Espíritu Santo, trae Gloria al Padre y al Hijo.  Él aplica la obra de Cristo a los creyentes y reparte dones espirituales a cada creyente según Su beneplácito y soberanía con el fin de edificar al cuerpo de Cristo. Él es el Consolador, el Espíritu de Adopción, el Sello de nuestra Salvación y El que garantiza nuestra herencia en Cristo. Juan 14:16-17; 16:14; Hechos 5:3; Romanos 8:14-17; Efesios 1:13-14; Mateo 28:19; 1 Corintios 12:4-6; 2 Corintios 13:14; Efesios 4:4-6; 1 Pedro 1:2; Juan 14:26; Hechos 16:6-7.

XIII. La Regeneración

La regeneración es un cambio de corazón obrado por el Espíritu Santo, quien vivifica a los que están muertos en delitos y pecados, alumbrando su mente de una manera espiritual y salvífica para comprender la palabra de Dios, y renovando su naturaleza por entero, para que amen y practiquen la santidad. Es una obra que se realiza únicamente por la gracia libre y especial de Dios. Ezequiel 36:26-27; Juan 1:13; 3:3-8; Hechos 16:14; 2 Corintios 5:17; Colosenses 2:13; Santiago 1:18; 1 Pedro 1:3; 23-25; Efesios 2:16; Tito 3:5; 1 Juan 5:1.

 

XIV. El Arrepentimiento y La Fe

Como respuesta a la convicción del Espíritu Santo, una persona se arrepiente del pecado y se humilla por su iniquidad con tristeza piadosa y santa. La fe salvadora es confiar en la autoridad de Dios con respecto a todo lo que se revela en Su palabra tocante a Cristo; aceptar y descansar sólo en Él para justificación y vida eterna. Se realiza en el corazón por el Espíritu Santo, es acompañada por todas las otras gracias salvadoras, y guía a una vida de santidad. Hechos 2:37-38; 11:18; 2 Corintios 7:10-11; Romanos 3:27-28; 4:1-5; 4:17-25; 10:14, 17; Filipenses 1:29; Efesios 2:8; Santiago 2:14-26.

 

XV. La Justificación

Los elegidos se declaran justos ante Dios por la vida perfecta de Cristo, Su muerte propiciatoria, y la imputación de Su justicia. La justificación nunca puede ser la recompensa o el resultado de las obras o los méritos del ser humano, ni tampoco surge de una infusión de la justicia de Cristo.  Se otorga sólo a través de la fe en la persona y la obra de Cristo solamente. Romanos 1:16-18; 2:4; 3:23-25; 4:3ff.; 5:8-10; 6:1-23; 8:1-18; 29-39; 10:9-10,13; 13:11-14; 1 Corintios 1:18,30; 6:19-20; 15:10; 2 Corintios 5:17-20; Gálatas 2:20; 3:13; 5:22-25; 6:15; Efesios 1:7; 2:8-22; 4:11-16; Filipenses 2:12-13.

 

XVI. La Santificación

Los que han sido regenerados también son santificados progresivamente por la palabra y el Espíritu de Dios que mora en ellos. Todos los creyentes verdaderos proseguirán para asir aquello por lo cual Cristo se asió de ellos. Con respecto a su posición, todos los cristianos son vestidos con la justicia de Cristo y son santos ahora ante Él. Jeremías 31:31-34; Ezequiel 36:26-27; Romanos 6:11,14; 8:1-17; 1 Corintios 6:11; 2 Corintios 7:1; 1 Tesalonicenses 5:23; Gálatas 5:13-24; Filipenses 2:13; Hebreos 10:24-25; 2:5-11,14; 2 Pedro 1:3-11; 1 Juan 3:3.

 

XVII. La Perseverancia de los Santos

Todos aquellos a quienes Dios ha regenerado nunca se apartarán del estado de gracia, sino perseverarán hasta el fin; y aunque pueden caer en el pecado por medio del descuido y la tentación, por lo cual contristan al Espíritu Santo, perjudican sus gracias y consolaciones, y traen vergüenza a la iglesia y juicios temporales sobre sí mismos; aun así serán renovados otra vez por el arrepentimiento, y serán guardados por el poder de Dios por medio de la fe para salvación. Mateo 10:22; Juan 6:37-40; 8:31-32; 10:28-29; Romanos 8:1, 28-39; 1 Corintios 1:8-9; Filipenses 1:6; Colosenses 1:22-23; Hebreos 3:14; 1 Pedro 1:5; 1 Juan 2:19. 

 

XVIII. La Iglesia

Una iglesia local es una representación visible del cuerpo de Cristo y está bajo la autoridad de Cristo solamente.  Sin embargo, en cada iglesia local, ancianos/pastores cualificados serán establecidos para servir a Cristo mientras cuidan a Su cuerpo. Los diáconos cualificados ayudarán a los ancianos según la necesidad. Cada miembro de la iglesia ha sido dotado por el Espíritu Santo de una manera única para edificación del cuerpo. Una iglesia local deberá reconocer y tener comunión con el cuerpo universal de Cristo tal como se representa en otras iglesias verdaderas. Juan 10:16; Hechos 20:17, 28; Efesios 1:22; 5:23; 1 Timoteo 3:1-13; 5:17-18; Tito 1:5-9; Hebreos 10:25.

 

XIX. El Bautismo

El bautismo es una ordenanza del Señor Jesús, obligatorio para todo creyente. El verdadero bautismo es inmersión en agua, representando tanto la unión del creyente con Cristo en Su muerte, sepulcro, y resurrección a vida nueva, como su purificación del pecado. El bautismo solo se puede administrar a aquellos que muestran arrepentimiento del pecado y hacen una creíble profesión de fe en Cristo.  Mateo 3:13-17; 28:19-20; Marcos 1:9-11; Lucas 3:21-22; Juan 3:23; Hechos 2:41-42; 8:35-39; 16:30-33; Romanos 6:3-5; Colosenses 2:12.

 

XX. La Santa Cena

La Santa Cena es una ordenanza de Jesucristo, para ser administrada con los elementos del pan y el fruto de la vid, y para ser observada por los creyentes bautizados en Sus iglesias hasta el fin del mundo. En ningún sentido es un sacrificio, sino se diseñó para conmemorar Su muerte hasta que El venga, para confirmar la fe y las otras gracias de los cristianos, y para ser un vínculo, compromiso (pacto) y renovación de su comunión con Él y de su membresía en la iglesia. Mateo 26:26-29; 1 Corintios 10:16-17; 11:23-34; Apocalipsis 19:9; Juan 6:53-57.

 

XXI. El Evangelismo

El llamado de cada iglesia local es hacer discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles que observen todo lo que Cristo ha mandado. Es una prioridad en el evangelismo unir a los nuevos creyentes con iglesias locales. Mateo 28:18-20; Hechos 1:8; 8:12;13:48;16:10;17:1-33; Romanos 10:17; 2 Timoteo 4:2.   

 

XXII. La Familia

Dios ha ordenado la familia como la institución fundamental de la sociedad humana. Dios ha creado el matrimonio para ser la unión únicamente de un hombre y una mujer en un pacto y compromiso de por vida, y se propone que manifiesta la relación entre Cristo y Su iglesia. Los hijos, desde el momento de su concepción, son una bendición y una herencia del Señor, y los padres deberán criarlos en el temor y la amonestación del Señor. Génesis 1:26–28; 2:16-18, 21-24, 3:1-13; Deuteronomio 6:4–9; 1 Corintios 11:7-9; Efesios 5:21–6:4; Colosenses 3:18-19; Tito 2:3-5;

1 Pedro 3:1-7.

 

XXIII. La Resurrección

Después de la muerte, el cuerpo del hombre vuelve al polvo, pero su espíritu vuelve de inmediato a Dios – el del justo a descansar con Él; el del malvado, para ser reservado bajo oscuridad para el juicio. Los cuerpos de todos los muertos, tanto justos como injustos, serán resucitados. Juan 5:28-29; 1 Corintios 15:12-28; 2 Corintios 5:1-10; Filipenses 1:23

 

XXIV. El Juicio

Dios ha establecido un día en el cual Él juzgará el mundo por medio de Jesucristo, cuando cada quien recibirá su recompensa conforme a sus hechos; el malvado irá al castigo eterno y consciente; el justo a la vida eterna. Mateo 25:46; Juan 5:22, 27-29; Hechos 17:31; Romanos 2:6-11; 2 Corintios 5:10; 2 Tesalonicenses 1:7-10; 2 Timoteo 4:8; Apocalipsis 7:13-17; 14:9-11.

 

XXV. La Gloria de Dios

Los cristianos deberán vivir sólo para la honra y gloria de Dios mediante su conocimiento y para disfrutar de Su persona, vivir en sumisión a Su autoridad, y dependencia en Su bondad. En verdad, todo lo que ha sucedido o sucederá sirve para glorificar a Dios como su propósito supremo. Porque de Él y por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén.  Éxodo 14:4; Números 14:21; Salmo 19:1; 21:5; 29:2; 57:5; 72:19; 96:7; 104:31; 108:5; 115:1; Isaías  6:3; 42:8; 43:7; 48:11; Jeremías 13:16; Ezequiel 39:21; Habacuc 2:14; Lucas 2:14; Juan 8:50; 11:4; 17:1-5  Hechos 12:23;  Romanos 3:23; 5:2; 9:23; 11:36; 1 Corintios 10:31; 2 Corintios 3:18; 4:6; Efesios 1:11-17;

Filipenses 4:19; Hebreos 1:3; Apocalipsis 4:11.

Pacto de la Iglesia

Nosotros que hemos sido llamados, según confiamos por la gracia de Dios en el nombre del Señor Jesucristo, voluntaria y juntamente nos separamos del mundo y nos damos al Señor, quien ha prometido recibirnos y ser nuestro Dios. Ya no nos pertenecemos a nosotros mismos. Prometemos, ante Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo, confiando en la ayuda del Espíritu Santo, que caminaremos  juntos en nuestra comunión del evangelio, como iglesia de Jesucristo, en amor hacia el Señor y entre hermanos.

Prometemos Glorificar a Dios en Santidad de Vida

  • Andaremos en toda santidad y humildad para que nuestra comunión sea deleitosa a Dios, gozosa a nosotros mismos, y hermosa a todo el pueblo del Señor.

  • Viviremos en obediencia a los preceptos morales de las Escrituras, mientras reconocemos la libertad si las Escrituras no exigen ni prohíben alguna práctica.

  • Usaremos todos los medios bíblicos de crecer en la gracia, incluyendo la lectura sistemática de las Escrituras, la oración consistente en privado y en familia, y la participación regular en la iglesia.

 

Prometemos Glorificar a Dios en la Iglesia

  • Nos reuniremos en el Día del Señor y en otras ocasiones, según el Señor provea la oportunidad, para servir, saborear, y glorificar a Dios en la adoración.

  • Lucharemos juntos para sostener las verdades del evangelio.

  • Sostendremos las doctrinas de nuestra iglesia conforme a nuestra declaración de fe, y no mantendremos convicciones firmes en contra de ella.

  • Mantendremos la unidad del Espíritu, y evitaremos las causas y los causantes de divisiones indebidas.

  • Contribuiremos, según nos bendice Dios, al apoyo y el ministerio de nuestra iglesia por medio de ofrendas sistemáticas y proporcionadas.

  • Procuraremos la salvación de los perdidos y la difusión del evangelio a todos los pueblos.

  • Reconoceremos y nos someteremos a la disciplina y la autoridad de la iglesia.

  • Oraremos para que la persona de Dios, a través de Su Espíritu, se manifieste entre nosotros para la gloria y el crecimiento de Su iglesia.

  • Si nos mudamos de este lugar, nos uniremos con otra iglesia lo más pronto posible.

 

Prometemos Glorificar a Dios en Nuestras Relaciones Unos con Otros

  • Nos exhortaremos unos a otros en amor y nos estimularemos a las buenas obras, y no permitiremos a un hermano perseverar en el pecado.

  • En amor oraremos unos por otros.

  • En amor llevaremos las cargas de nuestros hermanos.

  • En amor soportaremos las debilidades, fallas, y flaquezas de nuestros hermanos con mucha ternura y perdón.

  • En amor hablaremos unos a otros, y unos de otros, para edificación.

  • En amor procuraremos la reconciliación cuando hayamos lastimado a otro o hayamos sido lastimados por otro.

 

Prometemos Glorificar a Dios en Nuestra Familia

  • Nosotros los que somos jefes de familias mantendremos la adoración de Dios en nuestro hogar e instruiremos a los que están bajo nuestro cuidado en palabra y en acción.

  • Nosotros los que somos maridos amaremos y honraremos a nuestra esposa.

  • Nosotras las que somos esposas respetaremos y estaremos sujetas a nuestro marido.

  • Nosotros que somos padres criaremos a nuestros hijos en disciplina y amonestación del Señor.

  • Nosotros que somos hijos, honraremos y obedeceremos a nuestros padres.

  • Nosotros que somos solteros no nos casaremos con ningún incrédulo.

 

A este pacto gozosa y humildemente nos sometemos, por el temor del Señor, de quien somos y a quien deseamos servir. A Él sea la gloria ahora y para siempre. Amén.